![]() |
|
REVIEW PUC METAL FEST 2003
|
|
Era cerca del mediodía en las canchas de fútbol del Campus San Joaquín y un grupo de universitarios trabajaba afanosamente terminando de preparar el escenario para lo que vendría. La relativa tranquilidad del lugar, quebrantada sólo por el paso de algún auto por las cercanías de las canchas o por alumnos trotando por el perímetro no hacían sospechar la hecatombe sónica que se prometía. Y es que este día ocurriría algo inédito en la historia del metal de nuestro país. Por primera vez se haría un festival al aire de puro metal, y completamente gratuito. El programa contemplaba el paso por el escenario de siete bandas de diversos estilos, y un total de más de seis horas de música potente y ruidosa. Comienza a despuntar la tarde y poco a poco se van haciendo notar los fanáticos que se congregan a celebrar su música. La ropa negra, el pelo largo y los tatuajes parecen ser el uniforme del día. El resto de los estudiantes mira con cierta curiosidad y desconfianza a esta congregación de gente que comparte un código grupal muy característico. Hacia las tres y media de la tarde el festival comienza oficialmente. Barba Roja es la banda encargada de calentar los motores, y de enfrentarse al público sediento de música potente. A pesar que son una banda con mucho talento, afiatada y con desplante, probablemente su estilo está muy hacia la frontera de lo que se podría considerar metal, y el recibimiento de la gente no es el que hubieran deseado. Luego llega el turno de Akramen, que con un thrash metal directo, poderoso y sin miramientos, logra encender y entusiasmar al público de manera casi instantánea. A estas alturas la cancha está llena de gente, y todos están disfrutando del espectáculo. Desolated Threshold es la última de las bandas universitarias en pisar el escenario, haciendo un papel bastante digno, aunque a ciertos sectores del público no les haya parecido así. Luego de una demora más larga de lo presupuestado, entra en escena el primer plato fuerte de la tarde: Alejandro Silva Power Cuarteto. Los cuatro músicos descargan todo su virtuosismo y talento frente a un público enfervorizado. La cancha está repleta de gente, tanto así que por momentos parece que las rejas que impiden el paso hacia el escenario van a ceder ante la presión de miles de fanáticos ansiosos. La presentación termina de forma impecable, y antes que la banda se baje del escenario los organizadores sortean una flamante guitarra Ibanez, cortesía de Fancy Music. El siguiente número en cartelara es Mythology, una banda que da bastante que hablar en la escena del power metal nacional. Su presentación es muy sólida y de principio a fin demuestran su profesionalismo, sorprendiendo sobre todo la presencia de la voz. Mythology brinda lo que tal vez es el momento más impresionante de todo el festival, su impecable cover de “Eagle Fly Free” de Helloween. Al pasearse por entre medio del público llama poderosamente la atención que todos están cantando felices e involucrados. Sin duda un efecto electrizante. Cuando empieza a caer la noche, la ferocidad de Torturer es la encargada de mantener los ánimos de los asistentes en su punto más alto. El público responde con mucho entusiasmo a esta leyenda del metal nacional, y la evidencia más clara son los enormes mosh que se forman a ambos lados del pasillo frente al escenario. Finalmente, y para terminar con una nota un poca más relajada, Poema Arcanus entrega otra presentación notable, empañada solamente por la brevedad impuesta por las restricciones de horario. Poco a poco el público comienza a retirarse, indudablemente cansados después de tantas horas de buena música (muchos de ellos estuvieron para todas las bandas), pero aún con entusiasmo y con la alegría de haber disfrutado de un espectáculo de características únicas en la historia de la escena metalero de nuestro país. Lo que queda a su paso son los restos de un agitado día de show, una ráfaga de actividad y fervor que fue la pauta del día. Hay que limpiar, hay que ordenar, hay que desarmar. Son todas tareas tediosas y agotadoras, pero el mismo grupo de universitarios que varias horas antes ponía todas las cosas a punto ahora se encarga de cerrar la jornada. Lo que queda es el eco de los amplificadores, el distante ruido de la gente, las imágenes de los músicos en el escenario. Lo que queda es un testimonio vivo, en cada uno de los que participaron en alguna forma del evento ese día, de lo que se puede lograr cuando hay detrás fuerza, pasión y perseverancia, y del poder que tiene este código común, este elemento unificador llamado metal. Sin duda una tarde inolvidable. |